¿Cinismo, hipocresía o burla? ¿Sarcasmo, ironía o bufonada? ¿Procacidad, fariseísmo o simulación? ¿Cómo, camarita, pudiera definirse y entenderse el propósito de la carta consignada en la sede de la Nunciatura Apostólica de Caracas, dirigida al Papa Francisco, solicitándole “sus santos y milagrosos oficios” para que la oposición democrática venezolana “deje de utilizar” a menores de edad en las protestas de calle?

Manifestaciones que, como el mundo entero conoce, han sido convocadas -haciendo uso de un derecho constitucional- para exigirle a la dictadura castrocomunista de Nicolás Maduro y su montonera de rufianes-torturadores (con y sin uniforme) que rectifiquen y saquen al país de la crisis política, económica y social en la cual lo sumergieron. Pero además que cumplan los preceptos consagrados en la Carta Magna. Entre otros, garantizarle a los niños y jóvenes (los que todavía no han migrado) alimentación, salud, educación, esparcimiento, seguridad, vivienda, equidad y justicia. En líneas generales, asegurarle (a ellos y al resto de la población) un país independiente, soberano y democrático donde todos puedan desempeñarse, pensar y expresarse libremente y sin temor a represalias. Donde todos quepan sin distingos de raza, rango, credo o ideologías. Donde todos puedan cultivarse, superarse, ilusionarse, planificar y proyectarse. Donde a todos puedan tener iniciativas, desarrollar emprendimientos y desempeñar sus conocimientos sin imposiciones ideológicas y con garantías de respeto a todos sus derechos ciudadanos.

Es obvio y cristiano (por elemental principio de equidad) que con la misma urgencia y preocupación que el régimen forajido “dice” tener por el bienestar y seguridad de niños y jóvenes venezolanos, la misiva dirigida a Su Santidad exponga detalladamente el compromiso y los mecanismos revolucionarios que se propone aplicar ipso facto para impedir que más infantes mueran por desnutrición o enfermedades comunes que no pueden ser debidamente  tratadas porque los hospitales públicos están deteriorados. Porque carecen de medicamentos y material médico-quirúrgico. Porque fallan los equipos de diagnósticos y faltan médicos especialistas. Así mismo la carta al Vaticano explicará (es de suponer, camarita) cómo el régimen castrochavista-madurista, violento por esencia y pretensiones continuistas, proyecta impedir que más niños y jóvenes pierdan la vida en los barrios por balas perdidas o terminen siendo víctimas de las drogas o utilizados por bandas criminales para delinquir e incluso asesinar a transeúntes como ocurrió recientemente en Sábana Grande donde jóvenes de entre 6 y 15 años apuñalaron a dos guardias nacionales.

Con el mismo afán y minuciosidad también es de presumir, camarita, que dicha epístola al Vicario de Cristo describirá con pelos y señales la logística que pondrá en marcha el régimen más corrupto en la historia del país para rescatar a los indigentes, ocuparse de la infancia en condición de calle (así etiquetan eufemísticamente a esa población ignorada y menesterosa) y crear condiciones de abastecimiento y bienestar para que muchos venezolanos desamparados, entre ellos cientos de niños y jóvenes, no dependa de la basura para alimentarse como ocurre hoy debido a la implantación del malhadado Socialismo del Siglo XXI.

Tratándose como se trata de un gobierno afectivo, redentor, desprendido y humanista (entre otros cientos de virtudes cristianas, aunque sus integrantes no lo sean) se puede dar por sentado, camarita, que la fulana correspondencia al Pastor Universal también hará votos porque la providencia los colme de sensatez, entendimiento y humildad para reconocer lo que hoy se niegan a aceptar: Que el “proyecto” castrochavista naufragó. Igual que fracasaron los controles y el intervencionismo. Que las expropiaciones no aumentan la producción. Como tampoco mejoran el abastecimiento de productos. Que la manipulación de las estadísticas no impide la inflación. Menos la especulación de los bachaqueros. Que el militarismo y la represión no sacian el hambre ni sanan enfermos. Que los colectivos criminales no doblegan la dignidad ni el espíritu libertario de la sociedad democrática. Que el 80% de la población, agobiada por la crisis provocada por la desidia e ineptitud de este régimen, demanda un cambio a través de elecciones libres, universales, transparentes y verificadas. ¡Estos sentimientos, camarita, no hay cinismo, manipulación ni represión que los neutralice!

msanmartin@eluniversal.com

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