En principio, todas las declaraciones de los subalternos de la dictadura deben tomarse con pinzas. La experiencia indica que jamás son cristalinas. La verdad no las acompaña, porque es un ingrediente que no viene en las recetas del régimen. Tal vez la media verdad, con el propósito de ocultar las verdaderas intenciones de una cúpula cuyo único objeto es permanecer en el poder a toda costa, aún en un charco de sangre. Es un consejo que jamás conduce a malos resultados, porque cuando conectan los micrófonos para dirigirse a la ciudadanía la dictadura siempre establece conexiones con la turbiedad.

La prevención funciona ante las declaraciones del CNE en relación con las posibles elecciones regionales, pero hay otros detalles que conviene recordar sobre la descomunal patraña sobre la cual viene insistiendo la rectora –de origen desconocido– Sandra Oblitas, un oscuro personaje que, siendo extranjera, Maduro le permite pisotear la Constitución impulsada por Chávez. Un raro ejemplar de quienes han llegado a Venezuela para ayudar a este país a salir adelante vigorosamente. Oblitas es la oveja negra que trepa apuñaleando a la Constitución.

Oblitas dice que podremos escoger a los gobernadores después de la celebración de las elecciones para la prostituyente, pero oculta la trampa encubierta sobre la supuesta licencia que, por fin, nos da la dictadura para ejercer la soberanía popular en el gobierno de las regiones. Como siempre, el gracioso permiso que ahora nos dan no tendrá asidero en la realidad que saldrá de las decisiones de la prostituyente, en el caso de que ella se elija.

Como se sabe, la prostituyente tiene entre sus propósitos esenciales el establecimiento de un Estado comunal. Los diputados maduristas, si llegan a llevar a cabo sus planes, cambiarán la forma republicana de gobierno por una de factura completamente totalitaria a partir de la cual se impedirá el ejercicio de la libertad en los estados que conforman el mapa.

La división política del territorio se someterá a reestructuración, hasta el punto de ofrecernos una geografía inédita, una topografía escarpada y desconocida que será manejada por los procónsules del dictador, es decir, por subalternos  fieles que su dedo omnipotente escogerá directamente, o a través de una decisión  “soberana” de las comunas que sustituyan las formas de gobierno genuinamente republicanas.

Así las cosas, ¿la MUD y los partidos que la integran le darán crédito a la graciosa concesión que ha hecho de repente la intrigante y quizás agente extranjera, rectora Oblitas?, ¿picarán el burdo anzuelo? El CNE convocará las elecciones regionales, por supuesto, pero partiendo de la nueva realidad comunal que salga de las decisiones de la constituyente, si permitimos que se lleve a cabo.

De momento, la dictadura y las otras rectoras mandan a la Oblitas a bajar la presión de la ciudadanía, cada vez más dura y generalizada, con la carnada de unos sufragios que jamás llegarán a las urnas como llegaban antes, o que seguirán la fórmula que la usurpación de la soberanía popular considere pertinente para apuntalar el poder de la dictadura.

Sorprende que algunos partidos minoritarios estén pensando en la fábula de votar en las regiones antes de que el año termine. A otros niños con esa oblita envenenada.

Editorial El Nacional

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