El régimen forajido, camarita, festeja jubiloso. Celebra que la Asamblea General de la OEA, realizada esta semana en Cancún, México, concluyera sin que los cancilleres de los países miembros del organismo fueran capaces (por enésima vez) de ponerse de acuerdo para emitir un pronunciamiento sobre un tema tan grave, complejo y de tanta relevancia continental como es la represión criminal del gobierno castrochavista-madurista contra las protestas ciudadanas. Asimismo, por el ejercicio autocrático del poder, por la ruptura previa (debido a decisiones ilegales del TSJ) del orden constitucional y por la posterior convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente “comunal” y “popular” urdiendo un mecanismo excluyente de selección de candidatos no previsto en la Carta Magna.

En efecto, el dictador y la montonera de rufianes corruptos, torturadores y violadores de derechos humanos que lo acompañan canta, baila y alardea (mientras la población se angustia, padece y sobrelleva la falta de alimentos y medicinas; el deterioro de los hospitales; el aumento de la pobreza extrema y del desempleo; la inseguridad y la inflación) porque tampoco esta vez la OEA logró aprobar alguna resolución (repudiando a la dictadura o sugiriendo algún apoyo o mediación) conducente a la solución pacífica de la espantosa crisis política, económica y humanitaria que hoy padecen los venezolanos como consecuencia de la implantación del fracasado Socialismo del Siglo XXI.

Propuestas de asistencia hubo algunas sobre la mesa. Intenciones de aportar fórmulas y brindar apoyo también: México, Perú, Canadá, Costa Rica, Chile, Uruguay, Argentina, Brasil y Estados Unidos, entre otros, fueron de los más activos y perseverantes en los debates sin alcanzar el consenso necesario para aprobar alguna recomendación a las partes que hiciera factible lograr la tan anhelada superación del conflicto.

El revés en este nuevo intento de mediación de la OEA (como antes fracasaron las gestiones para un diálogo  gobierno-oposición con participación del exsecretario general de Unasur, tres expresidentes y el representante del Vaticano) se debe al sectarismo y cobardía del régimen forajido, que no acepta arbitrajes ni negociaciones para resolver el colapso del país. Para la montonera entronizada la crisis derivada del fallido modelo político-económico calcado de Cuba es un mal menor. Previsto y necesario para imponer el imperante sistema de control social mediante la dependencia del Estado a través de las misiones (dádivas). Se trata de un “daño colateral”. Por lo tanto, solucionar el caos por ellos inducido es secundario. Accesorio. Lo primordial, lo urgente, es asegurar, por cualquier medio y a cualquier costo, la continuidad de la revolución. Es decir, su perpetuación en el poder para seguir disfrutando de sus mieles con total impunidad.

El régimen gamberro, ducho en mentir, manipular y $$$upremamente “convincente” con la diplomacia de “petrochequera”, preserva (pocos pero esenciales) aliados internacionales (cómplices necesarios) que le han permitido evadir propuestas conciliatorios e ignorar exhortaciones de países amigos, de organismos como la OEA, la ONU, la Unión Europea y de figuras emblemáticas como el Papa para que implemente sus propias medidas y acepte ayuda humanitaria para solucionar de manera perentoria los gravísimos problemas que hoy aquejan a la población.

Tras la preocupación expresada por los países del continente en la Asamblea de la OEA y considerando los múltiples ofrecimientos externos de intercesión, el régimen vuelve a tener otra oportunidad de oro para abrirse a la conciliación imprescindible a los fines de alcanzar los acuerdos consensuados que reclama la sociedad para resolver la crisis política, económica y social y restablecer plenamente la democracia. Sería lo recomendable y exigible para la convivencia verdaderamente pacífica. Para el desarrollo del país y el bienestar de la población. El régimen tiene la manija. Y debe mostrar voluntad. El país y la comunidad internacional están a la expectativa. Lo fundamental dado lo severo de la crisis y su urgente solución es convenir un cronograma de temas, con verificación y plazos, para avanzar en la negociación necesaria. Objetivos inmediatos: Permitir marchas pacíficas sin represión, liberar personas injustamente detenidas durante las protestas, excarcelar presos políticos, garantizar el debido proceso, restituir sus funciones a la Asamblea Nacional, separación de poderes, cronograma electoral respetando las fechas de los procesos contempladas en la Constitución y suspensión de la Asamblea Nacional Constituyente.

Luce difícil, camarita. Pareciera más un sueño que una posibilidad dado los niveles de confrontación entre una cúpula militar-civil cada vez más deslegitimada y desprovista de apoyo popular y el resto del país, un 80% según las últimas encuestas, que pelea por sus derechos, exige libertad, propone tolerancia, reclama equidad y justicia y demanda paz y prosperidad. Lo contrario es la intensificación de lo que tenemos hoy: penurias, carencias, revueltas, detenciones y más sangre de jóvenes sin porvenir tiñendo las calles del país. Evitarlo es lo que se proponía la OEA en su reunión de Cancún aprobando una resolución que, finalmente, torpedeó una minoría de países sanguijuela que quieren seguir recibiendo gratis petróleo venezolano.

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