Quién, camarita, después de observar, padecer y resistir tantos atropellos, atrocidades y criminal represión contra la población puede tragarse de buenas a primeras la coba de quien se erige -paso a paso y día a día- como el émulo tropical de aquel par de palomitas “inofensivas y “bienhechoras” preeminentes en la Europa Oriental de los años 80 y 90. Nos referimos -faltaba más- al rumano Nicolae Ceausescu y al yugoslavo Slobodan Milosevic, este último mejor conocido como “Carnicero de los Balcanes”. La réplica actualizada y caribeña de aquellos bárbaros pudiera tildarse de “Masacrador de estudiantes”.

En efecto, la versión “criollizada” de aquellos inolvidables personajes repudiados por la humanidad afirma cínicamente que su ilegal y sectorizada Asamblea Nacional Constituyente es para promover el diálogo (que no ha querido sostener con los representantes del 80% de la población que desaprueba su gestión, exige elecciones, reclama el destierro del llamado Socialismo del Siglo XXI que generó la crisis y demanda el restablecimiento pleno del estado de derecho) y para lograr la paz social en el país.

¡Sí, Luis! Seguramente así exclamarían, de seguir en este mundo cargados de ilusiones, esperanzas y aspiraciones, formándose para contribuir al desarrollo del país que amaban y por cuya democracia lucharon con pundonor y valentía, los estudiantes que han sido vilmente asesinados (en estos tres meses de protestas) por indignos efectivos de la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana y los criminales paramilitares, mal llamados colectivos, al servicio del régimen gamberro

¿Diálogo, concordia, inclusión, convivencia pacífica y justicia? Esa es la letanía que repiten el dictador y la montonera de rufianes corruptos, torturadores y violadores de derechos humanos que lo acompañan para justificar la ilegítima convocatoria de la Constituyente. Pero estos principios básicos e históricos, compartidos y aceptados por todas las sociedades que aspiran a vivir en normalidad, tolerancia, armonía y respeto a las normas no son los que realmente promueve el castrochavismo-madurismo enquistado en el poder. No lo fueron antes con el Eterno presente y no lo son ahora con su remedo devenido en pendenciero matarife. Basta recodar las más recientes fechorías (el miércoles pasado, Día de la Independencia) protagonizadas por el malandrorégimen y sus secuaces en la sede de la Asamblea Nacional. Primero la irrupción intempestiva del Vicepresidente y el Ministro de la Defensa en el Salón Elíptico del Parlamento y el posterior asedio durante seis horas de los mafiosos paramilitares que terminó en la agresión contra diputados, periodistas y público asistente a la sesión solemne. La repudiable acción (por la cual no hay un solo detenido) dejó saldo de 12 heridos, algunos de ellos de suma gravedad. El ataque fue deplorado por gobiernos, organismos, políticos y personalidades de todo el mundo en medio del horror e indignación que producen tales prácticas de terrorismo de Estado.

Presidente, Vicepresidente, Ministro de la Defensa y las cabezas del TSJ y la  Defensoría del Pueblo “condenaron” la barbarie de las hordas gobierneras en la Asamblea Nacional. Pero nunca harán nada para sancionar a los responsables. Es parte de la impunidad otorgada (además de dinero, armas, motos y equipos de comunicación) a esos vándalos. Al malandrorégimen no le interesa la paz social. Ni el diálogo. Ni la solución de los problemas económicos. Ni la recuperación de Pdvsa. Ni la inseguridad. Ni la crisis en el sector salud. Ni la migración de talentos. Ni acuerdo alguno con la dirigencia opositora. Sus acciones dejan claro que desea el caos, incita al odio y propicia la guerra civil. Va con todo. Por el control total del poder que jamás compartirá. De allí el choque con el Parlamento y la Fiscal General. Hará lo que sea para defenestrarlos. Violando la Constitución. Dicho está: “lo que no consigamos con los votos lo impondremos con las armas”.

Sin importar lo que diga y como lo diga el matachín doméstico, su pensamiento, prédica y acciones son guerreristas. Su objetivo supremo es aplastar todo signo de disidencia. Controlar a la sociedad mediante la fuerza bruta y la dependencia total del Estado y destruir sus valores democráticos para imponer una dictadura tipo Cuba o Zimbabwe. Sin alternancia en el poder. Sin propiedad privada. Sin sistema judicial ni poderes públicos independientes. Pero con una Fuerza Armada ideologizada y cuestionada al servicio de la revolución y los intere$e$ de sus gerifaltes. La forma como se plantea lograr dicho objetivo es a través de la Asamblea Constituyente para “desaparecer” para siempre (así lo han afirmado públicamente algunos rojos voceros) a la oposición. ¿Solo a la dirigencia o a todos los ciudadanos que hoy repudian al régimen y su proyecto dictatorial?

Es posible, solo posible, que “pasen” su ilegítima Constituyente. Intentarán lograrlo presionando fuertemente a los empleados públicos, pensionados y a personas dependientes de beneficios sociales (carnets de la patria, CLAPs, misiones, empresas socialistas, etc.), con la complicidad del CNE y otras instituciones y el apoyo de la FAN. Que la aprueben no significa que mejorarán las condiciones de vida, terminará el descontento popular y cesarán las protestas. Todo lo contrario: Empeorará la situación económica de las empresas y las personas, aumentará la inflación, el desabastecimiento, el malestar de los ciudadanos, la presión de calle y también se intensificará la represión. ¡Evitar la catástrofe, camarita, pasa por un acuerdo que fije fecha de elecciones, establezca términos de convivencia y condiciones de gobernabilidad!

msanmartin@eluniversal.com

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