Mientras disciplinados militares marchan en honor al enliquiliquisado y al condecorado Alto Mando, delincuentes armados y violentos asedian inmisericordes a la población. Una decisión políticamente estúpida e intimidatoria que demuestra cuál país quieren consolidar para beneficio de pocos. Precisamente, contra esa nación de pandilleros es que la enorme mayoría protesta sin pausa ni tregua.

Castrenses juiciosos e institucionales se abochornan y avergüenzan por el patético ejemplo de bárbaros agrediendo con gases, patadas, puños y escudos al ciudadano que juraron defender, así como al propio pensamiento de Simón Bolívar del cual afirman ser herederos, pero al que solo tienen como bandera remolona y no como el ejemplo que deben seguir. Resultando en fantoches sin control ni guía. Tanto hablar de paz, amenazar con mazos y soltar gruñonas ironías, para resultar jefes sin mando, irrespetados por sus propios pretorianos.

Reiteradas sentencias oficialistas de la indigna obediente Sala Constitucional violan descaradamente la carta magna al eliminar derechos, adulterar definiciones legales manipulando incivilmente su intención y, lo más grave, suprimir la obligación de consultar al ciudadano, al soberano, al pueblo voz de Dios.

La premura de la dócil presidenta del Poder Electoral para iniciar la constituyente evidencia la angustia de Castro y su regente. Una vez instalada se erradicarán poderes, comenzando por los rebeldes y traidores; la Asamblea Nacional, el Ministerio Público y cualquier entredicho. Estamos en estado generalizado de sospecha.

Recurren a la burda treta cubana del populismo comunista integracionista de una constituyente riesgosa, que no deja de ser patrañera, para cambiar la Constitución que su fundador diseñó. Un error, ¿calculado?, pues ha levantado viejas rencillas y fracturas entre sus propios. Y la otra equivocación, previa, fue la iniciada por Chávez, y acentuada por el heredero, al preferir mediocres leales y cleptómanos ambiciosos antes que profesionales eficientes y honestos. Consecuencia: la ruina de la economía, que al final será la que tome la conducción del proceso hacia la transición. Porque serán el hambre y la escasez los detonantes sociales.

Cierta minoría de politiqueros enredados en la equivocación, pero con poder de decisión, está convencida de que se puede derribar al castrismo-madurismo y su reinante tiranía, perpetuando las mismas tácticas desde hace años fracasadas. Castro se está moviendo para ganar. Son dueños de la Guardia Nacional y la Policía Nacional, además de sus catervas armadas, enfrentando al pueblo en rebelión y reclamo democrático, ganando tiempo vital a sangre y fuego, mientras que con el cambalache constitucional barrerán con todo. Seremos la nueva Cuba. Qué desgracia que no lo hayamos visto y aún no lo hagamos. ¿Qué es lo que nos tiene tan ciegos?

El oficialismo con alevosía produjo una reestructuración en la distribución de las rentas públicas. Instauró un control de cambio por razones políticas, no económicas. Jamás al tesoro público habían ingresado tantos recursos, pero la gran mayoría fue a escasos bolsillos complacidos y cómplices. La revolución bolivariana creó su propia oligarquía, mezcla de élites anteriores con nuevas y corrompidas surgidas de su seno. Esta realidad se tradujo en la innegable participación de muchos en negocios que, directa o indirectamente, incluían al gobierno.

Algunos políticos, familiares, amigos y conocidos no escapan a esa realidad. Tienen fortunas significativas, muchas de ellas asociadas al régimen. Parecen chismes sin fundamento, aunque en realidad se conocen, se comentan en círculos sociales, algunos alardean sin disimulo y hasta se hacen publicar en revistas de sociedad. La complicidad no permite castigo, pero existen y esa realidad compromete a los sectores a asumir una transición con delicadeza amiguera.

Algunos no se plantean la sustitución del sistema, como lo insinúa el pacto de gobernabilidad, sino el desplazamiento del poder para, desde el gobierno y la Constitución, encauzar al país en la continuidad de un esquema populista y fracasado que necesitan conservar para garantizar una política de “reconciliación” y “amnistía” que les permita escapar de la ley. La primera medida a la que se debió hacer referencia es solicitar la cárcel y devolución al Estado de los dineros robados por el malandraje que saqueó el tesoro nacional.

Una transición que garantice justicia sin distingos vería caer a muchos, enchufados, bolichicos, cómplices, testaferros, toda una gama de sinvergüenzas de todos los colores y partidos. La cautela gestora con que se trabaja se confunde con guabineo, pero no lo es, está pensada y astutamente reflexionada. Que pontifiquen al que se arrepiente por conveniencia de fractura es otro error de gurús sabelotodo que durante años han desorientado al opositor de a pie.

Quienes pretenden dirigir no pueden continuar en la inepcia verbal y gesticulaciones inconcretas, deben demostrar que son garantes de una Venezuela justa, legítima, próspera, y capaces de convencer a los ciudadanos de que así será, que erradicarán a pedigüeños ignorantes y populistas. Se acabó el tiempo de hablar, es hora de actuar. Para gobernar no basta con ser convocantes dependientes de la buena voluntad de los convocados, sino líderes de verdad, plantear soluciones realistas y, sobre todo, cumplir lo que se ofrece aún a riesgo de la libertad personal.

Ya basta del dibujo libre, discusiones baladíes, desuniones simplistas, prepotencias y egos. Los auténticos traidores son los que anteponen sus intereses y beneficios, no los radicales críticos, calificados así para desprestigiarlos. No es tiempo de cálculos, olvídense de las elecciones regionales, debe existir una definición clara, sin vacilaciones. Vivimos una época delicada y altamente peligrosa. La comunidad debe organizarse. Renovar su estructura es inaplazable, se impone conformar un nuevo eje opositor inclusivo y sin fronteras, una nueva fortaleza que cumpla la palabra empeñada y dé resultados tangibles, que permitan la continuidad del conflicto que será más extenso de lo que muchos piensan.

Repiten como loro embriagado hasta que aburren e irritan eso de que el poder reside en el pueblo. No hay que ser inteligente ni acucioso para darse cuenta de que la realidad es otra. Sin embargo, la furia, vergüenza, honor, dignidad de los ciudadanos de buenas costumbres son más fuertes y se impondrán.

¡Vaya bribonada constituyente con la que aspiran a conquistar un poder que han echado al fango de la historia!

@ArmandoMartini

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