El legado de Chávez no se respeta, excepto en la parte que Maduro entiende y sobre la que ha llegado a la conclusión que no altera sus planes. Porque los tiene, comprobado deficiente y poco simpático -carencia que no logra digerir- sin embargo, no es quedado, sabe quiénes son sus amigos, no olvida los enemigos ni descuida los que pueden competir con él.

Salvo en sus personales ambiciones, es admirador de Chávez, tanto que trata de imitarlo, aunque también le queda mal. El comandante eterno -inexorablemente fallecido- manifestó reiteradamente su deseo de entregar la presidencia a una mujer revolucionaria. No hay muchas de calibre en el chavismo, menos en el castrismo, pero hay que reconocer que Chávez siempre tuvo mujeres en altos cargos de gobierno. Algunas, hoy, fieras enemigas del madurismo.

El militar Presidente mostró cariño especial por su hija María Gabriela, y su entorno pensó sin dudarlo que sería ella la heredera y se especuló mucho al respecto. La muchacha debía formarse para ese destino, pero la muerte sorprendió a su padre antes de tiempo y en la agonía no tuvo otra opción que dejar al siempre obsecuente castrista Maduro, eso sí, previo juramento y compromiso de que no dejaría desamparado a su yerno, Jorge Arreaza, con cara, pero sin la formación de sociólogo izquierdoso. Y que, además, se ocuparía de adiestrar en elegancia, estudios, idiomas y buenos modales a la hija preferida.

Maduro en cumplimiento de lo prometido, designó al yernísimo Vicepresidente pues seguían él, su esposa, cuñada y demás familiares disfrutando de la residencia presidencial La Casona, mientras la novel pareja presidencial se refugió en Fuerte Tiuna.

A la jovencita la exportó sin aviso ni formación como embajadora alterna de Venezuela en las Naciones Unidas, Nueva York, bajo la protección y cuido de Rafael Ramírez. Si había manejado Pdvsa, no parecía tan complicado conducir a la hija del entusiasta defensor del castrismo de la felicidad y, para su desgracia, de la medicina cubana sin acceso a los avances de última generación, y en cuyos hospitales deciden los Castro y el G2.

Ramírez hizo lo que pudo, manejar el emporio petrolero transformado en gigantesco mercado del derroche ejercita la paciencia, persistencia y bolsillos. Todo inicio es bueno, no obstante, la muchacha se cansó rápido, es comprensible; joven y con dinero, Nueva York es más agradable en las calles y tiendas que una oficina de gestiones diplomáticas.

Al principio funcionó, pero el tiempo transcurre y las situaciones cambian. Maduro se fue afianzando en el poder cobijándose en la sombra del difunto, su incapacidad e incompetencia empezaron a hacer mella y quienes se sienten defensores legítimos del legado chavista comienzan a criticar, emergen fracturas y el público reacciona.

Unos por diferencias políticas, otros abrumados y cada día más molestos por torpezas y abusos, pero todos insultados por el desabastecimiento que hasta Maduro poco se conocía. Los precios suben como cohetes mientras los bolívares caen por un pozo interminable, la crisis política, social y económica es de proporciones descomunales y de consecuencias insospechadas.

El ambiente ensombrecía mientras María Gabriela se rebelaba en la ciudad que no duerme, su mal carácter de niña consentida brotó y las institutrices renunciaban despavoridas por desconsideración y malcriadez. Aborrecía degustar las delicatesses de la gran manzana, el gusto por el buen comer se aprende y aprender no estaba en su menú. Además, son tantas las comodidades que ofrece el imperio, que aburren.

El idioma inglés le era difícil, el francés no lo entendía y se rindió, ni siquiera lograba decir “merde” con propiedad; se paseó por el italiano por instantes, pero de tanto esfuerzo concluyó en que el palabrerío barinés veguero era lo suyo. Un sabroso picadillo llanero, pisillo de chigüire, pabellón criollo, carne en vara, quizás un sancocho de res; y como postre, majarete de coco, dulce de lechosa, asistido con chicha de maíz. ¿Cómo culparla? ¡lo descrito es un manjar! El caviar, el paté de fois, carnes maduradas, salmón, lenguado, bouillabaise, champagne, vinos, son sabores para paladares no entrenados bajo el sol llanero. El heredero le falló, quizás a su pesar (¿o no?) al pater tiranus, a la moza no la rescata ni siquiera la milonga mental de Cristina, reina del peronismo kirchnerizado.

Aparece en escena Cilia, pero parte de la familia se encuentra ostensiblemente envuelta en escándalos, negociados e inconvenientes imágenes y fotografías en las redes sociales. La primera combatiente de pendeja nada. Inteligente y con experiencia, fuerte de carácter y poco le tiembla la mano. Se convenció de que lo conveniente era cuidar sus intereses y a su marido para que llevara su presidencia a feliz término en 2018 entre habladeras (de él) y bailes (de los dos). ¿Lo logrará? Nadie lo sabe. Lo cierto es que tiene influencia y mucha ayuda dentro y fuera, no será la favorecida, con suerte compañera en el exilio.

Entretanto y con perspicaz discreción los hermanos Rodríguez aseguran una potencial sucesora. El psiquiatra es astuto y avispado. De los recovecos insondables del facultativo smarmatiquiano asoma la hermana, corta de quijada y extensa en anteojos, se encuentra en el más cercano entorno de la pareja presidencial.

El alcalde, que de gafo poco tiene, utiliza su habilidad en el conocimiento del laberinto mental y la noción en el corto circuito de las neuronas; la convierte en Canciller dada a conocer por pelearse con medio mundo. Al mejor estilo castro-madurista, defiende con fiereza, regaños y espiraciones la posición de su gobierno con citas que a nadie impresionan e ironías que no sacan sonrisas, pero consiguen su objetivo: encorajinan a todos.

Juntos, coordinan negociaciones y diálogo con la MUD -que se enculilló con la foto- engatusándolos una y otra vez; el Vaticano, el Papa y uno que otro cardenal, con todo y sus 2.000 años de experiencia, caen víctimas enredados y embaucados por la pareja diabólica. Y hasta Diosdado se quedó con el mazo al hombro, los ojos claros y sin vista. La reina se sienta en la presidencia de la chimbísima constituyente.

Tragedia al estilo griego que se va convirtiendo en bufonada circense. Maduro se subordinó y le entregaron su carta de buena conducta. Y el capitalino capitán practica al detalle y con fervor las enseñanzas de la escuela JVR: lo importante no es el poder, sino que el poder lo necesite a uno.

@ArmandoMartini

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