Un solo movimiento le bastó al Rey de la Noche para hacerse de un dragón y convertirlo en parte de su ejército. Un solo movimiento con apenas una lanza del ¿hombre? que no está apurado. Por eso es capaz de quedarse horas viendo a sus enemigos y esperando que el hielo se endurezca lo suficiente para atacarlos, confiado en que lo logrará. Ni tres dragones voladores y escupiendo fuego lo sacaron de quicio. Al contrario, le dieron ideas.

El capítulo más largo de toda la serie, el penúltimo de la séptima temporada y dirigido por Alan Taylor (Thor: The Dark World), cumplió todo aquello que se esperaba y más, con el foco puesto sobre protagonistas específicos. La banda que se enfiló hacia el norte del norte lo hizo compartiendo motivos, pero también deudas de unos con otros. Esa tensión se notó en los diálogos y hasta en plena batalla, cuando las diferencias quedaron, literalmente, congeladas. De lo mejor fueron los intercambios entre Tormund y The Hound. Una nueva amistad, áspera por demás, ha nacido en la serie.

El director se regodeó en los escenarios naturales de Islandia y supo combinarlos, con un excelente trabajo de producción, con los creados para la ocasión en Irlanda. Además cuidó las pausas y el ritmo, siempre in crescendo, siempre retrasando el clímax, añadiendo suspenso. Los mejores planos, los abiertos. Los menos espectaculares, las peleas de cerca.

Tormund estuvo a punto de cruzar el páramo, como sí lo hizo Thoros y un par de Wildlings anónimos puestos en la escena justamente para eso: carne de cañón.

Pero la gran pérdida nunca tuvo un diálogo. Es más, era su primera pelea: Viserion fue alcanzado por una lanza helada, que revela que no solo las espadas de hierro valyrio o las dagas forjadas a partir de dragonglass son de temer en el mundo de lo mágico que ahora envuelve la narrativa de Game of Thrones.

Se confirmó así lo tan esperado: un dragón va a morir. Se veía venir. Tantas veces se insistió en que eran indestructibles que se comenzó a oler. Viejo truco del guión que en EEUU llaman foreshadowing. Lo mismo con la idea de que podía convertirse a un animal. Por eso estaba allí ese oso –que los productores querían mostrar hace años pero costaba mucho dinero hacerlo– y las viejas historias de Old Nan contándole a los niños Stark en la primera temporada sobre arañas que renacían.

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Ahora, nadie dijo que sería tan fácil, con un solo y certero lanzamiento de jabalina por parte del Rey de la Noche. Así, no solo Daenerys perdió un hijo, sino que Tyrion se quedó sin poder volar uno al desplomarse la teoría del dragón de tres cabezas que lo señala a él como un bastardo Targaryen.

El ojo azul, por cierto, ya había sido asomado en el primer teaser de la temporada, y muchos nunca imaginaron lo que implicaba. Las pistas siempre han estado allí.

Los Caminantes Blancos aumentan su apuesta: tienen un ejército que con cada batalla aumenta pues se aprovecha de las bajas del contrario, y un dragón zombi. ¿Cómo enfrentarlo? ¿Forjando armas gigantes de dragonglass (el hierro valyrio no se consigue sino reciclando el ya existente) en el formato diseñado por Qyburn? ¿En un duelo de dragones? Veremos.

Jon Snow fue salvado al último minuto por su tío Benjen –sí, como ocurrió en la Batalla de los Bastardos–, el mismo que está literalmente medio muerto, hasta ahora. Ya una vez los Caminantes Blancos lo habían herido, pero fue salvado por Los niños del bosque. Un zombi a medio hacer. Luego de salvar a su sobrino, no tuvo más vida.

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Ahora el Rey del Norte, escuchando a Tormund sobre Mance Rayder y su orgullo, tomó la decisión de subyugarse a la Madre de Dragones. Daenerys, por su parte, no piensa a futuro sino en lo inmediato. Cualquiera diría que aprendió de la política venezolana. Por eso no se ocupa de su descendencia ni de quién ocupará el trono. Algo que Tyrion comenta para introducir una idea revolucionaria: un reino con sistema democrático de elección, si usa el método de la Guardia de la Noche para escoger al líder como él mismo recuerda. Pero la mujer está ocupada en “romper la rueda”, y luego se verá qué hacer con los pedazos.

Ahora viene la negociación con Cersei para unificar a todos los vivos, circunstancialmente, contra los portadores del invierno. Es lo que anuncia el adelanto del siguiente episodio, uno que no dejará de tener una de las mejores intrigas de por estas horas de programa: Littlefinger manipulando a Sansa y a Arya en una pelea intrafamiliar que pudiera terminar muy mal para él mismo. ¿Su último complot?

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El foco estará, no obstante, en King’s Landing donde se mostrará al zombi capturado. Cersei –y todos– mostrarán su pánico ante el soldado imposible de matarcon técnicas habituales. Esa reunión de protagonistas teje alianzas, aunque sean frágiles y hasta mentirosas. La mujer Lannister pudiera aprovechar para maniobrar una lucha con los muertos y, en ella misma, la derrota de sus enemigos internos en los Siete Reinos.

En el lado de los Targaryen, podríamos ver la concreción amorosa, erótica e incestuosa de la relación entre Daenerys y Jon Snow que, además, aún tiene por descubrir su pasado. Por eso el séptimo y último episodio de esta temporada, que será el más largo de toda la serie al durar 1:21 –casi tanto como un largometraje–, pudiera resolver que el bastardo no lo es sino que es fruto de una relación legítima entre Rhaegar Targaryen y Lyanna Stark. ¿Se revelará su nombre real? ¿Será Aegon? ¿Se reconocerá que tiene prioridad para asumir el Trono de Hierro al ser nieto del Rey Loco en vez de su tía? Bran y Sam tienen las respuestas.

Finalmente, queda la duda de qué hará el Rey de la Noche con su nuevo soldado. Lo que está claro es que seguirá marchando hacia el sur, hacia el Muro, hacia los hombres vivos y hacia la primera demostración del poder de la flama ¿azul? de su dragón zombi.

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Este es el adelanto del final de temporada:

Tomado de El Estímulo / Victor Amaya

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