Hace tres años Nicolás Maduro, con convicción de heredero avalado por el líder eterno, habló sobre la guerra económica de la cual era víctima su gobierno, tal como se lo había sugerido Chávez en su lecho de muerte: “Aquí no se rinde nadie, aquí el pueblo lo que está es listo para combatir, para luchar por su familia, por su futuro”. Maduro presentaba entonces el plan para “equilibrar la economía del país”. Decía que había multiplicado por dos las inversiones en alimentos, hablaba de la apertura de los mercales, los mercalitos “para que el pueblo tuviese su comida en su casa”. Acusaba entonces a los empresarios de esconder los productos alimenticios y de la especulación con los precios.

Tres años después, el pasado 8 de agosto habló durante cuatro horas ante la Asamblea Constituyente, igualmente para denunciar exactamente lo mismo, es decir, la guerra económica contra su gobierno impulsada desde el exterior y apoyada por factores internos opositores.

Aunque con distintos nombres emitió un paquete de  nuevas leyes económicas, con los mismos esquemas que han llevado al país al abismo. Es decir, más controles de precios, nuevos mecanismos de fiscalización, esta vez llamados “fiscales de los CLAPs” y “fiscales populares”, lo que quiere decir más instrumentos para la extorsión y el mercado negro. Pero también novedades que dejan atrás cualquier dimensión del disparate como la canasta de monedas extranjeras para sustituir el dólar y operar con el rublo y el yuan.

Todas las extravagantes “ideas” fueron presentadas en forma de un paquete de leyes a la Constituyente, tal como si fuera el Parlamento, aunque este organismo no tiene competencia para hacer leyes. Pero de cualquier forma sería lo mismo, dado que desde que asumió el poder, Nicolás Maduro ha impuesto sus leyes económicas a través de los decretos de Emergencia Económica.

Dado el disparate conceptual de las medidas, los especialistas, es decir, aquellos que se ocupan del estudio científico de los problemas económicos y los efectos que la política tiene en ellos, ocuparon poco de su tiempo para indagar en profundidad sobre el contenido del “paquetito”, ya que de profundidad solo tiene el disparate. De manera que sólo se dedicaron a predecir a cuánto llegará el dólar a finales de año y hasta cuántos dígitos llegará la inflación con Maduro en el timón.

El pasado jueves apareció algo de harina PAN en algunos abastos y mercados de la ciudad de de Caracas. Casualmente había llegado además algo de trigo, por lo cual algunas panaderías regresaron por unas horas a su antiguo oficio de panaderos. Ese día es factible que el ausentismo laboral estaría al menos en 60% ya que las multitudes se abalanzaron hacia los pequeños locales en busca del pan y la harina PAN. Luego de varias horas de cola pudimos apreciar la cara de felicidad de alguna que otra señora sudorosa portando dos bolsitas del apreciado producto de la Polar, mientras la multitud en espera la observaba con recelo el haber coronado con éxito la compleja misión.

La convulsión citadina se complicó en los alrededores de las bombas de gasolina, luego de dos días con las estaciones cerradas. “La escasez de gasolina llegó a Caracas”, decían los titulares de algunos portales de noticias.

Ya ni los ciudadanos, así como los especialistas, ponen mucha atención a los planes de Maduro y sus ideas para enfrentar la “guerra económica”.  La gente común se ha vuelto especialista en economía básica y saben que cuando Maduro habla de guerra económica hay que correr a buscar el producto hoy porque mañana no habrá.

Twitter: folivares10

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