Para algunos políticos -y todos los politiqueros- decir la verdad es pecado mortal. Rechazando a quienes están convencidos que hacerlo, es lo correcto. Para el Gobierno es política de estado, la mentira, simulación, propaganda distorsionada, ocultamiento de cifras y realidades. A toda esta calamidad no puede agregarse la estrategia del disimulo, ambigüedades, incongruencias, contradicciones, medias verdades e incluso falsedades por parte de sectores adversos.

El desastre político, económico y social, está consumiendo al Presidente que esperanzado viaja a Cuba para recibir directrices, que cree lo salvaran. Señal reveladora, que decir verdades claras y sin titubeos es el camino hacia futuras acciones.

No hay parejas perfectas, están las que tienen inteligencia de saber discutir, en su acepción de dialogar, que no conversan con el embarazoso objetivo de quítate tú para ponerme yo, sino con la premisa; ¡qué quiere y conviene al país!

Quienes se presentan como voceros opositores, no deben continuar obsesiva diciéndole al país que lo único necesario para que todo cambie y nos convirtamos en un país chévere es ir a votar. Además de una gran mentira genera expectativa e ilusiones que no podrán satisfacer.

Se preguntan confusos, perturbados en la Cumbre Anual de Concordia y ámbitos internacionales, cómo es que sectores antagonistas han manifestado que, Maduro es opresor, su gobierno autócrata, no negociarían mientras existan presos y exiliados políticos, no permitirían la fraudulenta Constituyente cubana y muchos jactanciosos etcéteras. ¿A quién están apoyando? ¿Una oposición que, tras presentarse como un frente nacional de resistencia contra una dictadura dispuesta a todo abuso, de un día para otro se dedica a elecciones de gobernadores que no tendrán más poder que el régimen acusado de arbitrario quiera dejarles? Imposible ser tan inocente, la ausencia de más apoyo mundial se debe a la desconfianza en la oposición, sus incoherencias y contrasentidos.

Comprensible después de tanto esfuerzo, llamar a las protestas, quejarse de los abusos oficialistas y aguantárselos. Luego de una respuesta apabullante de la ciudadanía el 16J y un fracaso rotundo del madurismo el 30J. El día que Smartmatic ratificó no cifras, pero sí la existencia de un fraude electoral que escandalizó, de inmediato ciertos dirigentes anunciaron, que participaran en los sufragios.

Para cualquiera, dentro y fuera del país, esto no tintinea a grandeza sino a pelea por pequeños espacios presupuestarios, que benefician intereses particulares de los partidos y sus militantes.

A fracciones de la oposición, le ha faltado esplendor de destino. La grandeza es difícil, complicada, de no serlo sólo llega a la insignificancia. Como los sin visión más allá de sus marutos. Una vez la potente alianza ha optado por existir en la minucia.

Tan patético como si al Padre de la Patria, después de proclamar la independencia del poder español y la soberanía venezolana, se hubieran limitado al ayuntamiento de aquella Caracas que el Libertador tanto amaba. Quizás ese Bolívar hubiera sido un buen alcalde, rico, caprichoso y más o menos ejecutivo, pero jamás estaría en la historia.

El diálogo tiene como misión retrasar, pero los tiempos ganados no son en perjuicio, puede ser y está siendo para dar margen a otras opciones, posibilidades que se cocinan y guisan, pero no aparecen en el menú. Palabreos que se califican de confidenciales por conveniencia e interés, involucran el destino de millones y muy pocos se sienten con el derecho inaceptable de comprometer. No basta con encuentros, hay mucho de qué hablar, bastante que explicar, variadas mentes por convencer.

Durante ese proceso de propuestas, contrapropuestas, exploraciones, ajustes, rechazos, alternativas, carantoñas, mentiras para distraer, verdades enmascaradas, falsedades con sonrisas guasonas a lo largo de acomodos, desarreglos, retrasos, obstáculos, idas y vueltas, necedades, si llueve, escampa y no llovizna, el camino se ha ido desarrollando, mientras Venezuela agoniza a punto de morir.

El Gobierno lo ha perdido todo excepto el poder y las armas, tiene la fuerza que utiliza sin remordimiento. La oposición tiene ciudadanos, la descomposición y descontento como factores de esperanza. Pero no basta. Evaporaron la credibilidad y malbarataron la confianza. Recuperarlas es vital. Las autocracias no se basan en la veracidad sino en el bruto poderío.

La oposición debe transformarse en guerrera líder de la realidad, con la verdad por delante. A los soldados no se les prepara para la guerra haciéndoles creer que el enemigo es tonto, débil y enclenque, al contrario.

Es tiempo de autenticidad, sinceridad y franqueza; es hora de apelar a la inteligencia, al coraje que venezolanos han demostrado una y otra vez. Es momento de decir y explicar las cosas como son, no subestimar e insultar a quienes piensan que decir la verdad es lo adecuado, decente y correcto, ése es el deber y el reto de todo aspirante a dirigente opositor. De no hacerlo tienen pintado en la frente la derrota política.

Sectores contrarios siguen actuando a dos voces, una para la calle que repiquetea vacía y falsa, y otra en secreto, entre ellos. Oficialistas se defienden, se burlan socarrón, mintiendo, revelando secretos y exagerando infidencias.

¿A quién puede creerle el ciudadano común? ¿Al que habla mucho y no cuenta nada, o al parlanchín que lo cuenta todo?

El Gobierno se desploma sigue siendo incapaz de dar bienestar, sus falsedades e impericias no afectan a la mente sino al estómago y calidad de vida. La oposición se desmorona, la grandeza se le escapa entre la pequeñez de sus manos y el egoísmo de sus mentes que sólo saben caer en el concepto del carguito como “ocupación de espacios”.

Al final, unos lo ocultan todo, cometen el peor de los pecados capitales, la soberbia; otros lo dicen todo, para ridiculizar, no para resolver. Venezuela esta decepciona de ambos extremos, cada día, nos damos cuenta de que sólo contamos con nosotros mismos, y ése es el gran trance, si ninguno resuelve, no necesitamos de ellos.

@ArmandoMartini

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