Los venezolanos hemos venido teniendo muy mala suerte con las Asambleas, la constitucional y la constituyente. En 2015 líderes y partidos políticos anunciaron una amplia variedad de compromisos y acciones que desarrollarían quienes fuesen electos diputados.

Los opositores desde sus plataformas, promocionaron entre sus ofertas electorales: “tener un TSJ dedicado a la justicia y no solo a la política, un CNE imparcial, garantizar elecciones justas, detener la inseguridad, las muertes y los robos, combatir la inflación y el alto costo de la vida, desmantelar los grupos armados que generan violencia política, acabar con la escasez y eliminar las captahuellas, devolver la soberanía al pueblo venezolano, parar la regaladera de nuestro petrolero, hacer contraloría en todas las instituciones del Estado para castigar la corrupción, despartidizar la Fuerza Armada Nacional, devolver poderes a los gobernadores, alcaldes y concejales, rescatar la prensa libre y la libertad de expresión.”

El oficialismo repitiendo las falsedades de siempre, se concentró y limitó en mantener las banderas del legado de Chávez, ejecutado escrupulosamente por su heredero el presidente obrero y asesores castristas.

Se realizaron las elecciones, y los respectivos parlamentarios fueron juramentados, muy poco o nada de lo ofrecido se cumplió más allá de hablar mal unos de otros sin la menor mesura. Pero el grupo opositor, en particular, además de llegar removiendo cuadros de Chávez y los de Simón Bolívar -la horrible versión entre mulata y bodeguero mal afeitado que el fallecido inventó después de sacar a la luz los huesos libertadores-, lanzaron al país nuevos ofrecimientos, anunciaron remoción de figuras con nombramientos dudosos o períodos vencidos, -Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y Rectores del Poder Electoral-; declararían el abandono del Presidente de su cargo y además lo echarían, serían el inicio de una nueva y rebelde Venezuela democrática, unida, entusiasta y en lucha por el rescate de sus principios, libertad, justicia y prosperidad.

Casi dos años trascurridos, todo se quedó en politiquería, discursos, ausencias y terminaron por irse de vacaciones.

La simulación final, el colmo, de esa mayoría opositora en la Asamblea Nacional fue la convocatoria de la ciudadanía el 16J para considerar tres propuestas: “rechazo y desconozco el proceso fraudulento de convocatoria a una constituyente sin consulta previa a los ciudadanos, ratifico la decisión soberana de la Asamblea Nacional para iniciar, de inmediato, la renovación de los poderes públicos y apoyo la realización de elecciones libres y transparentes y la instauración de un Gobierno de Unión Nacional para la reconstrucción del país”, elaboradas por los mismos diputados. Los ciudadanos acudieron emocionados, masivamente, con alegría, disposición, mucha fe y esperanza, 7.5 millones de venezolanos aprobaron la consulta, para después dar cuenta con asombro de que ese acto había tenido menos valor que una manifestación de protesta y algunos dirigentes de la MUD y parlamentarios querían buscar espacios a través de unas elecciones de gobernadores. ¡Definitivamente hay que retomar y recuperar el espíritu del 16J haciendo valer el mandato, la orden ciudadana!

Por su parte, la espuria, ilegal y fraudulenta la Asamblea Nacional Constituyente-castrista, galardón promovido y defendido por quien tenía todos los números de la rifa, fue electa por una masa de hombres y mujeres invisibles, con cifras y porcentajes manifiestos según el malabarismo y peculiares matemáticas trigonométricas del Consejo Nacional Electoral.

En forma de celebración nacional, 500 y tantos constituyentes castro-maduristas juraron sus cargos en medio de un rosario de promesas para profundizar la revolución y resolver la crisis o guerra económica generada por su propia impericia e incompetencia. Y como pronunciará el iniciador de esta farsa: “Compañeros lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados (…)”. Nada han hecho más allá de las arengas encendidas y resoluciones políticas que en nada cambian la inflación e inseguridad desbordadas. Incorporado el cinismo sonriente y despreciativo de la presidente de la cubana constituyente y un Diosdado Cabello que, a falta de haber sido nombrado para el cargo en el cual Maduro puso a la señora Rodríguez, continuó en su estilo guasón e irónico en su programa del canal 8, la televisión de todos los venezolanos.

Los ciudadanos, hemos caído una vez más por inocentes, doblemente engañados por dos Asambleas diferentes. Sólo nos han dejado tener nuevos gobernadores incluyendo algunos connotados sinvergüenzas, en un proceso desbordante de sospechas, resultados entre extraños y humillantes. Y un grupo que se debate entre juramentarse y subordinarse a la fráudenla constituyente cubana. Solo pensarlo causa repugnancia. Reconocerla sería traicionar la lucha ciudadana.

Burlados, estafados de nuevo en lo político, los venezolanos seguimos ahogados en la peor crisis económica de las últimas décadas. Caminamos entre basura y servicios públicos cada vez peores hacia unas navidades cuya principal característica será la carencia de juguetes, ropa de estreno, pan de jamón, pernil y hallacas que el pueblo no podrá pagar; pero que, enchufados, cómplices, cooperantes, bolichicos, bandidos y ladrones disfrutaran en abundancia. ¡Sinvergüenzas!

La procesión no va por dentro, transita con la cabeza gacha, estómago y bolsillos vacíos, calles rotas y plazas descuidadas hacia un 2018 con la única alegría de un cambio presidencial, dependiendo, de la constituyente castrista, y claro está, de los misteriosos cálculos algebraicos electorales del CNE oficialista.

También andan por ahí las elecciones municipales, sin posibilidades ni expectativas, quienes armaron sus tramoyas para quedarse con las gobernaciones ya tienen entrenamiento suficiente para apropiarse de las Alcaldías, ¿o usted esperaba otra cosa?

Se impone, sin más demora, una nueva y renovada oposición en torno a figuras que puedan y tengan la fortaleza para recuperar la confianza ciudadana, en sintonía con las necesidades y padecimientos de un pueblo con hambre, inflación desbordada, oprimido, intimidado y chantajeado, en la cual se incluyan diferentes sectores de la sociedad civil y militar, organizaciones no gubernamentales, defensores de los derechos humanos, sindicatos, gremios, artistas, deportistas, en fin; todos los venezolanos de buena fe que rechacen el cogollerismo insolente y perjudicial, egos e intereses partidistas enfermizos, negociaciones pícaras, secretas, agazapadas, demagogia y populismo barato, desvergonzado. Pero que por, sobre todo, privilegien el respeto al ciudadano, la coherencia, la verdad, la defensa de los principios éticos de la política y el rescate de las buenas costumbres ciudadanas.

¡Venezuela merece mejor y tendrá mejor, no lo duden ni por un segundo!

@ArmandoMartini

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